Esta columna tiene por objeto comparar dos fenómenos aparentemente contradictorios: La sociedad de músicos y la sociedad de consumo.
Nuestra sociedad se transforma paulatinamente en una sociedad de músicos (o sociedad de artistas). Me refiero al exponencial crecimiento de la actividad musical amateur y profesional. La venta masiva de instrumentos y equipamiento, el creciente número de músicos profesionales, bandas y artistas, la proliferación de centros de formación musical como academias, conservatorios y facultades dentro de universidades, la masificación de discos y video clips publicados. Todo esto habla de una transformación social más que de un mero incremente cuantitativo de la actividad musical.
¿Qué provoca esta transformación? Asumimos que las motivaciones para las expresiones artísticas son no económicas. Esto puede llevarnos a pensar que la creciente sociedad de músicos responde a causas independientes de la sociedad de consumo. Las razones posibles para el crecimiento de la actividad y producción musical son diversas.
Desde el punto de vista material se podría considerar el acceso a instrumentos y equipamiento de grabación de bajo costo como un catalizador de la actividad musical. Desde el ámbito de la comunicación, el CD y las radios dejaron hace tiempo de ser los medios principales de difusión musical. El mp3 y las diversas plataformas en internet para acceder a música gratuita o a bajo costo liberaron a los músicos de los sellos y radioemisoras para mostrar su trabajo. La llegada al público es más un problema de estrategia de promoción que de barreras de entrada a una estructura de difusión y distribución preestablecida.
Desde el punto de vista social podría interpretarse la creciente sociedad de músicos como el triunfo de los valores post materialistas sobre los de la sociedad de consumo, donde este último era un indicador de la posición social que se ocupa. Los valores post materialistas, fomentados por el cambio de una economía de subsistencia a una de bienestar, alejan a los individuos de las preocupaciones materiales y los proyectan hacia valores como la libertad, la expresión individual y la realización personal. En este contexto las actividades recreativas adquieren mayor relevancia, propiciando las actividades no productivas como la música.
Con todo esto ¿Es la sociedad de músicos indicadora del desarrollo post materialista y de un abandono parcial de los valores de la sociedad de consumo?¿Puede un fenómeno como la masificación de la producción musical y de los artistas ser independiente de la sociedad de consumo en la que está inserta? ¿Constituye la sociedad de músicos una trinchera anti económica en la sociedad de consumo? Creo que es imposible separar el actual fenómeno de la sociedad de músicos de la sociedad de consumo. No son fenómenos separados y antitéticos, sino que están vigentes y en crecimiento constante en todas las sociedades. No pueden ser contradictorios en el fondo, sino solo en la superficie. Yendo más lejos, creo que ambos fenómenos no solo coexisten, sino que se potencian.
Solo se puede hace la conexión entre sociedad de músicos y sociedad de consumo si comprendemos que esta última ha cambiado sus características. La ecuación Consumo = Estatus social del imaginario colectivo, donde el consumo constituía un indicador de la posición social y de la cultura de clases, ya está en retirada. Tomo algunas de las descripciones de G. Lipovetsky (1) para remarcar las diferencias de la antigua sociedad de consumo con la actual.
Solo se puede hace la conexión entre sociedad de músicos y sociedad de consumo si comprendemos que esta última ha cambiado sus características. La ecuación Consumo = Estatus social del imaginario colectivo, donde el consumo constituía un indicador de la posición social y de la cultura de clases, ya está en retirada. Tomo algunas de las descripciones de G. Lipovetsky (1) para remarcar las diferencias de la antigua sociedad de consumo con la actual.
- En la actualidad el consumo no es solo un vehículo para satisfacer necesidades materiales y proyectar un estatus social, sino que se ha transformado en una forma de definir la identidad individual, lo que el autor llama el “ímpetu individualizador del consumo”. En la actualidad lo que consumimos nos define como individuos más que como miembros de una clase social.
- En la actualidad la búsqueda del bienestar personal como fin fundamental, en un contexto de satisfacción de las necesidades básicas, hacen que el consumo esté más enfocado al tiempo libre, el esparcimiento, auto cultivo y diversión.
- El consumo actual es balcanizado y orientado a nichos y sub culturas, en comparación con el antiguo consumo que estaba orientado a culturas de clases.
¿Cómo se conecta la sociedad de músicos con estas nuevas características de la sociedad de consumo?
Si en el pasado la ejecución y producción de música fue una actividad recreativa de la burguesía, en la actualidad, el acceso masificado a medios de producción y difusión musical han transformado a la producción musical en una actividad recreativa de masas. El objetivo de esta actividad recreativa de masas no es únicamente el consumo del producto musical por un otro y la creación artística en sí, sino también la creación de una experiencia individual, la inclusión del individuo en un imaginario colectivo.
Esta tercera motivación para la creación musical, independiente de las dos tradicionales arte y comercio, me hizo sentido después de que un productor musical me explicara la naturaleza de su trabajo y el perfil de sus clientes. El grueso de su clientela eran músicos aficionados y semi profesionales. Este tipo de cliente se reconoce como músico aficionado y a tiempo parcial, tienen sus trabajos en áreas no artísticas y no tienen pretensiones de una carrera musical. La primera característica sobresaliente es que, al grabar un disco o realizar un producto musical, su intención no es puramente artística: No buscan aportar algo en el desarrollo del lenguaje musical ni sienten que tienen algo único que expresar y que la sociedad debiera conocer. La segunda característica es que su intención tampoco es comercial: Su objetivo no es vender discos, obtener fama y hacer un gran negocio con su música. Sobre lo anterior, saben de antemano que no lograran lo uno ni lo otro, son (semi) conscientes de la carencia de calidad artística y atractivo comercial.
Entonces ¿Para qué lo hacen? ¿Que busca aquel que produce música sin intención artística ni comercial? La respuesta del productor fue reveladora: Tienen el dinero y quieren grabar un disco para tener la experiencia de ser músicos, quieren jugar a ser artistas y vivir la ilusión de ser “rockstars” por un día.
Esto es revelador, ya que nos muestra un nuevo tipo de músico, donde se manifiesta la diferencia entre el consumo de música pasivo y la música como consumo (experiencia activa). La creación/ejecución musical se vuelve consumo en la medida que es una experiencia cuyo propósito es (re) definir la individualidad (2), y que a la vez esta actividad lleva asociado el consumo de productos y servicios previos, sin los cuales no sería posible crear esa proyección de la identidad, esa ilusión del ego.
El músico aficionado como consumidor de una experiencia. Esa experiencia individual del músico/consumidor es la inserción de la individualidad en el imaginario colectivo asociado a la actividad musical y al consumo musical pasivo: La cultura del videoclip, del “rockstar” o de culto a la personalidad. Con todo esto, ya no existe solo la música artística versus la música comercial. En nuestro tiempo aparece la música (ejecución y creación) como experiencia de consumidor.
Las características de la música como consumo (consumo musical activo) son varias.
- Al no ser la creación artística en sí misma el principal fin de la actividad musical, el resultado es una exploración creativa limitada. Esta ya es una característica de la música con fines comerciales, pero potenciada por la mayor cantidad y menor calidad. Hay mucho más música que antes, pero cada vez menos variada e interesante.
- Musicalmente es más esquemática. La exploración estructural, tonal, tímbrica y lírica es limitada. Al no ser el objetivo la creación en sí, sino la inclusión en un imaginario colectivo, se fomenta una producción normada, conservadora, que responda precisamente a esas imágenes que se quieren emular.
- El principal fin de la música como consumo no es la creación artística o la motivación comercial: es la experiencia del individuo como parte de la cultura de los medios de comunicación masivos. La experiencia de “haber estado ahí”, “parecer una estrella” es una de los principales motivadores del nuevo músico/consumidor.
- La música como consumo puede existir sin su motivación artística (objeto de arte válido por sí mismo) y sin su motivación comercial (como producto de venta), solo requiere cumplir la función de experiencia definitoria de individualidad.
Así, la actividad musical en nuestro tiempo cumple sus dos tradicionales funciones 1) El fin artístico en sí mismo 2) La escucha del producto musical por un otro y suma una nueva 3) La inserción del individuo en el imaginario colectivo de la industria musical, para (re) definir su individualidad a través del acto de consumo/experiencia que constituye la creación y ejecución musical. Esta última función alimenta una industria potenciada para satisfacer las necesidades de este músico consumidor: Crecimiento explosivo de tiendas y marcas de instrumentos musicales, proliferación de academias y conservatorios para la enseñanza formal de la música, proliferación de estudios de grabación y las cada vez más extendidas plataformas de difusión musical “online” (Soundcloud, Tunecore, iTunes, Spotify, Rdio, Myspace) que se alimentan más de las inscripciones de millones de artistas desconocidos, que de las millones de ventas de unos pocos artistas exitosos.
En conclusión, la sociedad de músicos no es una trinchera dentro de la sociedad de consumo, sino un subproducto de ésta.
(1) Lipovetsky, Gilles. La felicidad paradójica.Editorial Anagrama, Barcelona, 2007.
(2) Y a la vez su propósito no es la creación y experiencia estética en sí, ni tampoco el producto comercial cuyo objetivo es la venta.
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